Verdades y mentiras sobre los deportes que más han crecido en popularidad
Existe un consenso aparente sobre qué deportes han crecido más en popularidad en los últimos años, pero ese consenso está lleno de afirmaciones a medias y simplificaciones que no resisten un examen cuidadoso. Analizar los deportes que más han crecido exige separar los hechos verificables de los relatos construidos por la industria deportiva, los medios de comunicación y el marketing de marcas que tienen interés en que creamos ciertas narrativas sobre qué está pasando. Este artículo adopta un formato de preguntas y respuestas para desmontar algunas de las afirmaciones más circuladas sobre el tema.
¿Es verdad que el pádel es el deporte de más rápido crecimiento del mundo?
Esta afirmación se repite tanto que ha adquirido categoría de hecho indiscutible. La respuesta honesta es: depende de qué se mida y en qué región. En términos de número de nuevos practicantes entre 2018 y 2023 en España y América Latina, el pádel fue efectivamente el deporte con mayor crecimiento relativo. Eso es real y significativo.
Pero hablar de «crecimiento más rápido del mundo» es una extrapolación excesiva. En la mayoría de Asia, África, América del Norte y gran parte de Europa central y del norte, el pádel es un deporte marginal con una penetración mínima. El pickleball, primo lejano del pádel, ha tenido un crecimiento explosivo en Estados Unidos en el mismo período, con cifras de nuevos practicantes que en ese mercado específico superan al pádel. El fútbol, el cricket y el baloncesto siguen siendo los deportes con mayor crecimiento absoluto en términos de practicantes a escala global. El pádel es un gran fenómeno regional, no necesariamente el líder mundial indiscutible que los medios españoles tienden a presentar.
¿Están declinando los deportes de equipo tradicionales?
La respuesta depende de qué se llame declinación. Los deportes de equipo tradicionales, como el fútbol, el baloncesto o el voleibol, no están perdiendo practicantes en términos absolutos. Lo que está ocurriendo es que están perdiendo cuota de mercado frente a deportes individuales o de pequeño grupo que crecen más rápido. En un contexto de mayor competencia por el tiempo libre de la gente, los deportes de equipo que exigen compromisos horarios rígidos y equipos completos tienen más dificultades para captar practicantes nuevos.
Esto no es declive, es ralentización relativa. Y tiene causas estructurales que tienen más que ver con los cambios en los estilos de vida urbanos que con ninguna crisis intrínseca de esos deportes. Una cosa es que el fútbol 11 tenga más competencia y otra muy distinta que esté muriendo. El primero es cierto; el segundo, una exageración que sirve a quienes quieren presentar su deporte preferido como el «nuevo rey» del panorama deportivo.
¿Son los deportes electrónicos realmente un deporte?
Esta pregunta genera debates acalorados y raramente se resuelve porque las dos partes hablan de cosas distintas. Quienes dicen que sí, que los e-sports son un deporte, se apoyan en la existencia de competición organizada, entrenamiento sistemático, habilidades físicas y mentales complejas y estructuras federativas internacionales. Todo eso es real. Los mejores jugadores de e-sports se entrenan durante horas al día con disciplina comparable a cualquier atleta de élite.
Quienes dicen que no, que los e-sports no son un deporte, suelen apelar a la ausencia de esfuerzo físico convencional. Este argumento es más débil de lo que parece: el ajedrez, el tiro con arco o la petanca tienen estatus deportivo reconocido sin requerir un alto rendimiento aeróbico. La pregunta de si los e-sports son un deporte es fundamentalmente definitoria, no empírica. Y dado que las definiciones de deporte han cambiado a lo largo de la historia, la pregunta seguirá siendo abierta por un tiempo. Lo que sí es indiscutible es que han crecido de manera extraordinaria como fenómeno de entretenimiento competitivo.
¿Está el surf en declive o en crecimiento?
El surf lleva décadas siendo descrito alternativamente como deporte en auge y como moda pasajera. Los datos apuntan consistentemente al crecimiento. El número de surfistas activos en todo el mundo supera los 35 millones y ha crecido de manera sostenida durante treinta años. La inclusión del surf en los Juegos Olímpicos de Tokio 2020 aceleró ese crecimiento al dar al deporte una visibilidad institucional que antes no tenía.
El surf tiene una particularidad que lo hace especialmente interesante en términos de crecimiento: genera una identidad y un estilo de vida que va mucho más allá de la práctica deportiva en sí. La cultura surf ha influenciado la moda, la música y el lenguaje de generaciones enteras. Esa capacidad de crear comunidad y cultura propia es uno de los motores más poderosos del crecimiento sostenido de cualquier deporte.
¿Es el running tan popular como dicen las cifras de maratones?
Las inscripciones en maratones y medios maratones han crecido enormemente en todo el mundo. Pero esas cifras solo capturan a los corredores que se inscriben en pruebas formales. La mayoría de los corredores activos nunca se inscribe en ninguna carrera. Salen a correr solos, con amigos o con su aplicación de entrenamiento y no dejan rastro en ninguna estadística federativa.
Las estimaciones más serias sugieren que el número real de personas que corren de manera regular es entre cinco y diez veces superior al número de inscritos en carreras populares. Eso convierte al running en el deporte activo más practicado del mundo con bastante diferencia, aunque sea uno de los más difíciles de medir con precisión. La infrarrepresentación estadística del running es en sí misma reveladora: los mejores deportes son a veces los menos visibles en los datos porque no necesitan estructuras formales para existir.
¿Qué papel juega la infraestructura pública en el crecimiento deportivo?
Es un factor que raramente aparece en las narrativas sobre deportes de moda pero que tiene un peso enorme en la realidad. Los países y ciudades que han invertido en infraestructura deportiva accesible, carriles bici, pistas polideportivas en barrios, carriles para running en parques, han visto crecer la práctica deportiva de manera más sostenida que los que han dejado esa función exclusivamente al mercado privado. En España, la proliferación de pistas de pádel municipales y de uso público contribuyó de manera significativa a la democratización del deporte durante la última década. No fue solo el mercado privado: fue también la decisión pública de facilitar el acceso.
Esta dimensión importa porque pone en perspectiva los análisis que atribuyen el crecimiento de ciertos deportes únicamente a factores de marketing o de tendencia cultural. La infraestructura pública opera de manera más lenta y menos visible que una campaña de comunicación, pero sus efectos sobre la práctica deportiva son más profundos y más duraderos. Los deportes que han encontrado apoyo tanto en el sector privado como en la inversión pública tienden a mostrar patrones de crecimiento más sólidos y más resistentes a los ciclos de moda.
Una conclusión incómoda
Las verdades sobre el crecimiento deportivo son, en su mayoría, más matizadas y menos emocionantes que las mentiras. No hay un único deporte que haya dominado el crecimiento global. No hay una sola disciplina cuya popularidad sea tan incuestionable como sus promotores afirman. Lo que hay es un panorama diverso en el que deportes muy distintos crecen en regiones, demografías y contextos distintos, por razones distintas y a velocidades distintas. Esa complejidad es más difícil de vender como titular, pero es la única descripción honesta de lo que está pasando.
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